ESAS en La Lumbre

Hoy el texto de Abril G. de Enterría con la crónica de la tertulia de ESAS; también será más cómodo leer en pantalla grande. 

Nuestro encuentro de enero de 2020 giró en torno a la novela ESAS, de Arantza Salaberria, en una tertulia cargada de risas y endulzada por la autora con una tarta de La Cocina de mi Vecina.


Arantza Salaberria vino a Madrid, desde su Bilbao natal, para estudiar Psicología. Fruto de su participación en la Escuela de Letras y de su personal asomarse al mundo, en 2018 alumbró ESAS, una novela que ha entrado y salido de un cajón y ha sido leída y releída, escrita y reescrita a lo largo de sus veinticinco años de gestación. Entretanto, Arantza ha escrito poemas, relatos y obras teatrales. En 2010 se estrenó en la Sala Margarita Xirgú de Alcalá de Henares su pieza El homenaje de Miguel Hernández Gilabert, a cuyos ensayos podemos acercarnos gracias a este vídeo. Un año después, en 2011, publicó el poemario TRAYECTOS GUSTOSOS, en torno al cual ha realizado recitales, instalaciones y lecturas performativas; entre ellas «Entretrazadas», una de las piezas de Escritoras. Danza entre libros en Matadero Madrid (2017). En 2007 comisarió la exposición La piel del deseo, homenaje a Buñuel en el Centro Buñuel de Calanda, que en 2008 llevó a la Delegación del Principado de Asturias en Madrid. Además, ha participado en numerosos recitales poéticos colectivos –el más reciente el verano pasado en la XXI edición de Voces del Extremo en Moguer– y desde hace casi siete años alimenta semanalmente su blog Trayectos gustosos con imágenes y breves reflexiones. Para aproximarnos a la autora y a sus obras más recientes, podemos leer esta entrevista de Esther Peñas en torno a ESAS y escuchar el espacio que el programa Letra Pequeña de la Radio de la Universidad de Alcalá de Henares dedicó a la lectura del poemario Trayectos gustosos en 2013.


ESAS es en cierta medida una muñeca rusa: una pieza teatral que anida en un relato que a su vez anida en una novela y que, en definitiva, encierra un buen número de historias reales, cotidianas y a menudo dolorosas, que recorren el relato que una mujer regala a la mujer que algún día será su hija recién nacida. Es también un fluir de conciencia que se plantea preguntas, trata de encontrar respuestas y vence las dificultades de verbalizar las violencias más o menos sutiles a las que con demasiada frecuencia se ha visto sometida la mitad de la población. Y es una narración, a ratos cargada de poesía y de metaliteratura, que necesita, en cualquiera de sus expresiones, de un receptor que no debe limitarse a esa mitad; una narración que de alguna manera nos interpela a todos y nos lleva a reflexionar sobre nuestro estar en el mundo.


En la tertulia que mantuvimos charlamos con Arantza sobre ESAS, sus protagonistas, su forma, su estilo, su contenido y las reflexiones que plantea a lo largo de la obra. 


Era lunes, 13 de enero, y el encuentro empezó con el agradecimiento de Arantza, que citó un párrafo (p. 7) del ensayo La ética del don y la comunidad política, de José Miguel Marinas, y nos explicó que la novela surgió en el curso 1993-1994 de la Escuela de Letras ya con esta estructura, que fue posible gracias a la ayuda de muchas personas y que ha ido sufriendo cambios a lo largo de estos veinticinco años hasta su publicación. A continuación, hizo con Celia de Juan la lectura dramatizada de un fragmento de la pieza de teatro que encierra la novela (pp. 57-62).


Tras esto hablamos sobre los cambios de la novela en cuanto al orden de las tres partes que la componen. Su autora nos contó que en la primera versión lo que ahora es la tercera parte era la primera, y viceversa. Sin embargo, esto entrañaba un nivel muy alto de exigencia al lector para que se diera cuenta de que Elena era una construcción de Elsa, lo que le llevó a cambiar el orden un año antes de publicarla. También nos explicó que la imagen de cubierta es un guiño a la obra de Escher Manos dibujando, que representa dos manos derechas masculinas dibujando, a la que Arantza dio la vuelta proponiendo dos manos izquierdas femeninas. Nos habló de su interés por la primera persona en la narración y de que hemos leído tantísimos personajes femeninos construidos desde la perspectiva del autor varón que, siendo consciente del discurso patriarcal, hizo que se haya interesado por la construcción del personaje femenino desde una perspectiva más cercana a sus propias cualidades. Además, le interesaba mucho lo que ahora está en el #MeToo, los abusos sufridos por las mujeres, y reconoció que Elsa en origen estaba mucho más cargada de este tipo de vivencias, pero optó por quitar algunas de ellas, así como algunos párrafos, tras varias lecturas de personas próximas.


Arantza quiso saber la opinión de las lectoras y Encarna comenzó comentando que leyó la novela de una sentada porque se iba perdiendo en la lectura y no quiso dejarla. Además, nos contó que al llegar a la pieza de teatro no le apetecía interrumpir el discurso de la narración de la primera parte, pero una vez estaba con el teatro ya no quería volver a la narración; de manera que cada una de las partes en que se divide la novela le dejaron la sensación de haber leído un texto completo que se amalgama con el resto a través de sus personajes y de las situaciones que refleja. Esto llevó a Encarna a pensar que su lectura evolucionó de acuerdo con lo que podría ser el objetivo de la autora y ya después dejó reposar lo leído y comenzó a darle vueltas. Paloma, por su parte, se desconcertó por la mezcla de géneros y trató de imaginar el perfil de la autora y el momento en el que la obra se escribió, piezas que terminó de encajar durante el encuentro.


Rosa, que en su día leyó la novela en una de las versiones anteriores, preguntó a Arantza por el uso de números ordinales y romanos y de las horas del día en las distintas partes en las que se estructura la obra. La autora explicó que utilizó este recurso, así como el escenario en que se desarrolla, para poder tomar distancia de los personajes construidos en primera persona. Explicó que Elsa construye a Elena a lo largo de sus nueve meses de embarazo, y que esta a su vez construye a las protagonistas de la obra de teatro también en ese periodo, al tiempo que todos los personajes son obra suya a modo de cajas chinas o matrioskas. Por otro lado, nos confesó que su intención era construir algo que no logró en esta novela, nos habló del proceso de construcción y reconstrucción de Elena y de la obra de teatro, que en origen era un cuento en forma de diálogo escrito por esta, y recitó el poema «Con gusto XXI», publicado en Trayectos gustosos, que de alguna manera refleja este intento fallido:


Me aturdí cuando

quise escribir una novela,

meterme dentro de otra cabeza,

entrar en la piel de aquella mujer:

La que parió un hijo,

y lo ocultó en una bolsa de basura.

 

Trabajé con tesón

durante más de nueve años.

Con más de trescientas páginas

andaba a vueltas.

Cambiaba el orden,

corregía la transparencia.

 

Terminé y la tiré a la papelera.


Profundizando un poco más, comentamos que cada número romano señala cada uno de los momentos que Elsa dedica a escribir a la hija que acaba de nacer, al tiempo que crea un personaje que construye a los suyos en los momentos previos al parto, con las contracciones que lo preceden; situaciones que la autora reconoce como imposibles aunque verosímiles en la narración, dos cuestiones que llevaron más adelante al debate entre algunas de las lectoras: desde quienes no lograban ver la verosimilitud, como Pino y María –que tampoco encontraba la función que desempeña en la obra la segunda parte–, a quienes desde su experiencia confirmaban que en esas circunstancias sí se puede escribir, como Milagros. En este sentido, Arantza explicó que así como Elsa después se sustenta en su embarazo para construir a Elena, en ese momento se aferra a la escritura para tratar de lograr su objetivo de parir en casa, sola; «como sor Juana Inés de la Cruz, que firma con su sangre».


Al aparecer por primera vez la cuestión de la verosimilitud, Pino explicó que el libro le ha producido una tremenda tristeza y que a la vez le resultó muy frío por la manera tan racional en que narra cosas tan duras; así como que le resultó muy difícil encontrar enganches de ternura, aunque algo de ello se nombra. Planteó que al no tratarse de un ensayo, sino que se ha elegido la primera persona y la ficción para contar esa problemática de las mujeres en aquella época, no podía entender la distancia que toma la autora y lo frío que resulta el desarrollo, poniendo como ejemplo el fragmento de teatro representado.


A Encarna sí le pareció natural la manera en que está escrita la pieza teatral. Lo mismo le ocurrió a Emilia, que unos meses antes había visto la dramatización de Celia de Juan y Val Núñez en la presentación de la novela en La Lumbre y nos contó que la leyó con sus voces resonando y el ritmo y la calidez que estas le habían otorgado; y a Marisol la pieza le pareció interesante porque habla de la comunicación que había entre madres e hijas en aquella época. 


A Marisa R. la novela no le resultó fría por «los detalles que hemos experimentado todas» a lo largo de nuestra vida, y puso como ejemplo las primeras interacciones con el bebé recién nacido. Marisa nos comentó que tras esta segunda lectura (pues la leyó en su día, recién publicada) ha ido más allá de la idea de la maternidad que se refleja de distintas maneras a lo largo de la novela, pero esta vez ha prevalecido la soledad que reside en todos los personajes. Ante esto, Arantza defendió que esta soledad es coherente porque, como se refleja en el poema, su idea inicial era construir la idea de una mujer que va a matar a su criatura, pero llegada a un punto encontró que la novela perdía el sentido si esto sucedía –lo que me lleva a sugeriros la lectura de Las madres no, de Katixa Agirre, publicada por Tránsito–.


Esto nos llevó a recordar que en la novela se narra cómo Elsa ha querido tratar de quitar la amargura del personaje de Elena, pero no lo ha conseguido del todo; como quizá le ha sucedido en parte a la autora con Elsa. Sin embargo Arantza, que comprendió que la novela puede no llegar a todas las personas, explicó que está todo pensado y ninguna palabra está puesta al azar, sino que responde a su intención al escribir, así como que se permitió la injerencia de autor cuando Elsa dice casi al final (p. 194) que ha fracasado al construir su personaje, aunque no es ella sino la propia autora quien lo ha hecho por la dificultad de construir la cabeza de esa persona que va a tirar a su hijo en la basura.


Más adelante comentamos que el dolor aparece a menudo en la novela y en sus distintos relatos por la manera en que se presenta, se gestiona, se evita… Avanzada la tertulia, Carmen volvió sobre el fracaso que había mencionado Arantza y habló de la dificultad de ponerse en la cabeza de alguien que ha pasado por una experiencia que el autor o la autora no ha vivido en primera persona. Esto nos llevó a debatir acerca de los límites de la creación de ficciones, con opiniones distantes entre lectoras como María, que se refirió a la construcción que Marina Perezagua hace de su protagonista de Seis formas de morir en Texas, o como Charo, que entiende que si el escritor escribiera solo de lo que siente daría como resultado obras muy pobres. Y Arantza nos habló de cómo cada uno de los personajes que se construyen en su novela tienen una entidad, una serie de rasgos que las diferencia, y planteó el peso de la autobiografía en la construcción de ficciones, que a menudo, como en este caso y refiriéndonos a la creación de Elena por parte de Elsa, no tiene mayor sentido que un proceso de exploración, una elaboración o la construcción de relatos alternativos.


Marisa T. compartió sus dudas sobre la novela y el desenlace de esta hasta que leyó la página 137, donde se dice «Fue grato el momento de mi decisión cuando me dije sí. Sí quiero, sí es posible. Te sentí como la prioridad de mi vida. Pero no me conformé con cuidar de ti y con cuidar de mí. […] Las decisiones y las vivencias de Elena me acompañaron en todo el embarazo.», lo que Arantza explicó que es un guiño a la escritura como creación y que Elsa puede tener a la hija precisamente porque tiene el personaje que la sostiene a través del arte (que reconforta tanto al autor como a quien lo recibe y dialoga con él).


Hablamos también del género de esta obra, pues algunas como Emilia y yo nos resistimos a asignarle la etiqueta de «novela», quizá por lo establecido que tenemos tanto el género como sus subgéneros y estructuras canónicas, lo que interviene también en el proceso de lectura. Así, Emilia explicó que no la ha leído tanto siguiendo el desarrollo como a partir de las sensaciones que le iba provocando. Además, planteó que no sabía muy bien cuál era el tema, si la maternidad, la soledad de la mujer, el ideal del hombre o del amor que no se encuentran o la libertad; al tiempo que alabó la manera en que la autora describe las contracciones. Después, volvió sobre el tema de la libertad, que se refleja en las decisiones que toman las mujeres en cuanto a la continuidad de una relación amorosa, a la maternidad, etc.; decisiones que se toman y a menudo son dolorosas.


Ante esta cuestión del género, Arantza explicó que ella no podía hacer una novela en el sentido estricto del término y nos contó una experiencia traumática de su infancia, cuando su profesor la acusó ante sus compañeras de haber copiado una redacción que ella había escrito sin ayuda; una conmoción que ha marcado su proceso de creación hasta ahora. Además, se refirió a las palabras del autor, crítico y editor Víctor Manuel Mendiola, que tras leerla le dijo «Has escrito una novela en el sentido estricto del término; por lo tanto, bien. Pero tengo algo más que decirte: has construido una estructura novelística que no existe en la historia de la literatura; por lo tanto, tiene un valor añadido. Se tardará un tiempo más o menos en comprender, pero tú estate tranquila.»; y ella, afirmó, lo está.


Siguiendo con esto, Marisol planteó que Arantza se adelantó a su tiempo por las temáticas y el abordaje de estas en la novela; una originalidad que Azucena también encuentra ahora y más si cabe teniendo en cuenta el momento en el que fue escrita. Arantza nos habló de algunas de las vivencias de su entorno que le llevaron a construir esta novela y explicó que siempre ha tenido una sensibilidad especial ante el sufrimiento de las mujeres y se ha mostrado atenta a todo lo que sucede, de manera que aquí ha recogido las experiencias reales de muchas mujeres de su entorno. Además, nos contó que escribe para saber, y que escribió esto para tratar de saber por qué algunas mujeres soportan la violencia.


Después, Azucena preguntó si el título de la novela, un pronombre que se emplea a menudo de forma despectiva, es una provocación; así como si ha tenido otros títulos antes de llegar a este. Arantza nos confirmó que ha tenido muchísimos títulos a lo largo de estos años, empezando por «Caras borrosas» en alusión a las Cumbres borrascosas de Emily Brontë, y aseguró que aspira a que esas se llene de respeto. Además, aprovechó para hablarnos de sor Juana Inés de la Cruz, de quien está leyendo su obra y la biografía poética Sor Juana Inés de la Cruz. Mujeres que no son de este mundo, de Milagros Rivera, de la que leyó el siguiente párrafo [la puntuación es mía, no he podido acceder al texto]:


Sor Juana Inés de la Cruz dio pie, pie poético, para entrar en las anchuras infinitas de su propio sentir amoroso; sentir en el que el alma de la mujer respira. Hicieron así del amor política, y de la admiración, hermenéutica; hermenéutica de la lengua materna. En el siglo XVII, de la política de las mujeres, fue una parte destacadísima la Querella de las Mujeres. La Querella había nacido como respuesta femenina a la batalla por lo simbólico declarada contra nosotras como sexo por un poeta francés del siglo XIII que hizo un añadido misógino, mediocre y resentido al Romance de la rosa [sic]. Nació por tanto como hermenéutica, hermenéutica de la rosa o vulva, hermenéutica de la lengua materna. Empezó así durante –según algunas hasta hoy– un largo y fecundo movimiento político femenino de creación de opinión sobre el valor de las mujeres, de lo femenino libre o, mejor, sobre el valor de ser mujer sin más, que estaba siendo muy dañado por la escolástica universitaria y por el imperialismo moderno, fundado este en la caza de brujas, organizada y ferozmente ejecutada por el Estado y la Iglesia para destruir el «entre mujeres» de Europa y América.


A continuación, Arantza profundizó en el funcionamiento de este tribunal y nos animó a leer Vacas, cerdos, guerras y brujas de Marvin Harris. Y volvimos sobre el título, plural de esa, para detenernos en algo que se repite a lo largo de toda la novela, pues el nombre de todas las protagonistas comienza por E (y termina por a). Esto llevó a la autora a comentarnos que eligió el nombre de Elsa porque contiene ella y esa, así como a hablarnos del resto de nombres y de algo que ha conocido hace poco también a través de la biografía de sor Juana Inés y que se relaciona con el momento en que Elsa afirma que «la “E” mayúscula parece un peine a la que le faltan púas»: en el santuario de Delfos había una épsilon, ε, a la que Plutarco hace referencia como «el peine de la diosa».


Volviendo sobre la novela, Milagros explicó que ha notado que el libro está escrito hace veintitantos años y que por un lado, quizá por haber sentido el paso del tiempo, se ha quedado fuera de la narración como Pino, y por otro le ha parecido un poco reiterativo o un poco obsesivo, quizá porque cuando fue escrito el tema era muy candente aunque en este tiempo se ha ido diluyendo. Así, en su opinión esas ha cogido el poder que merece y que tiene que tener, que de alguna manera nos han arrebatado. Milagros nos habló de los temas que encierra, de sus propias vivencias y de la realidad social de la época, y nos explicó que al leerlo ahora se ha quedado un poco fuera, quizá por la estructura tan distinta o tan compleja que tiene. Además, nos dijo que le recordó a la película Julieta, de Almodóvar, con la que le ocurrió lo mismo que con la novela pese al drama que también relata.


Pino planteó a continuación que, además de los temas que ya habíamos comentado, aparece en ESAS la literatura como sostén de la vida. Arantza reconoció que para ella escribir es fundamental, le hace bien, tanto actualizar semanalmente su blog como escribir poemas. Entonces se abrió un pequeño debate cuando Marisa T. afirmó que la poesía es un género más propio de la juventud, mientras que Arantza nos contó una anécdota personal acerca de cómo utiliza la poesía, incluso a veces para comunicarse con sus hijos cuando algo le disgusta, y nos recitó un par de poemas escritos recientemente a uno de sus hijos.


Después Emilia preguntó por un detalle del argumento del libro, cuando Elsa está en el tocólogo y este abusa sexualmente de ella. Preguntó a Arantza por qué esa experiencia hace a la protagonista que cambie de idea y decida continuar con el embarazo, a lo que esta respondió que mientras construía el personaje se planteó que cuando acude a él decidida a abortar, él le rompe los esquemas y se queda sin ningún lugar al que ir, lo que hace que cambie de opinión. Emilia también hubiera querido preguntar a Milagros si consideraba si, en una situación como esta, ahora habríamos reaccionado como la protagonista. Hablamos también sobre este tipo de agresiones, que muchas de las lectoras no podían imaginar que se dieran, y hablamos de su actualidad, pues como comentó Encarna recientemente ha habido una sentencia al respecto, en este caso por los abusos cometidos por un psiquiatra sevillano.


Y para finalizar, Arantza se despidió con «una sensación maravillosa» tras la conversación y por el placer de que los demás disfruten de lo que ha escrito. Nos confesó que le gustaría escribir una novela para hacer reír y que será su próximo reto, pues tiene ya la idea aunque necesita tiempo que dedicarle. Y, antes de recitar varios poemas con los que cerramos el encuentro, nos habló de la performance Trayectos hacia el buen trato, que escribió, dirigió, produjo e interpretó con El Adefesio en Alcalá de Henares en el otoño de 2013, con motivo del Día Contra la Violencia de Género; con un guion que recoge experiencias reales de mujeres, algunas de las cuales se ven reflejadas en la novela.

Lo otro y lo nuestro

Para poder entender
bien su realidad,
nos tendremos que poner
en su lugar-verdad.
Para poder entender
bien nuestra realidad,
se tendrán que poner
en nuestro lugar-verdad.
Como resulta muy difícil,
habrá que jugar con los niños
desde muy pequeñitos,
para llegarlo a lograr.

Señales

   Con las nuevas posibilidades de comunicación se abren nuevas brechas para observar en los indicios significativos del neuromarketing. 

Otra vuelta de ESAS

  Hoy nos acompaña el texto creado por Esther Peñas para las presentaciones (con sus matices diferentes) en la librería ENCLAVE y en Louise Michel liburuak. 
Será más cómodo leerlo en pantalla grande.


ESAS, una apuesta firme por la vida


Por Esther Peñas

Muy buenos días. Qué alegría estar en la tierra de Unamuno y de Blas de Otero, que me parece un poeta mayúsculo. Una tierra que para mí siempre ha sido símbolo de los hemisferios de la vida. Y en una librería que lleva por nombre a una de las aurigas de la Comuna de París… Louise Michel, mentora de tantos anarquistas que la siguieron, Sorel, Camus, Brassens, Deeluze… pero también Tiqqun o el Comité invisible. Una librería que preside una mujer combativa, valiente, como las que transitan las páginas de ESAS.
Qué suerte la mía.
Gracias a cada uno de ustedes, de vosotros, por querer compartir este nacimiento bilbaíno de ESAS. Gracias a Arantza, que ha cometido la insensatez de convocarme por segunda vez. La anterior en la librería Enclave de Madrid.
ESAS es un libro de ángeles y demonios. A la manera de Rilke. Cuando la también poeta Louis Andreas Salomé le propuso que fuera a consulta con Freud, Rilke tuvo un miedo atroz a que si espantaba a sus fantasmas, también sus ángeles perderían intensidad. Quizás por ello escribiera aquel verso: “todo ángel es terrible”.
A veces sucede. Que aquello que hace sufrir, aquello que nos mantiene –por lo general inconscientemente- cautivos, procura sin saberse muy bien por qué ni cuándo la fuerza, el coraje necesarios para quebrar esa soga. Se es valiente porque hay miedo. Se es ángel porque uno ha conocido demonios. Y esa suerte de catarsis se da en algunos de los personajes de este libro. Pero también en la propia autora, que esperó tantos años como conjura el tango para dar por bueno el texto. Un texto que es un drama, y también diario,  poesía, y narración.
ESAS, que somos cada una de nosotras, en distintos tonos e intensidades. Somos Elena, y su hija, pero también Elsa, y la hija de Elsa, que lleva su nombre y el nombre de una reina, Eugenia. ESAS. ESAS y sus miedos. Sus corajes. ESAS y su apuesta firme por la vida. Actúan. Pelean por lo que desean. No se mienten. No dejan que las embistan, habitan su paso con la decisión del alma mansa.
El principio no está en ese momento que hemos imaginado. Porque nunca está claro el principio, ni el porqué de nuestras decisiones, ni de los afectos. Creemos que sí, que amamos por una serie de cualidades que podríamos enumerar pero que sería errático hacerlo, porque lo que amamos siempre es un magma indefinible indómito a cualquier explicación racional. Tampoco puede, el lector, establecer un punto de inicio, de arranque, que sitúe a los personajes porque estas historias (acaso sea la misma narrada desde sus diferentes matices, ángulos, vértices) suceden –así las leo- con la liviandad de lo inexorable. Cada uno de estos personajes, se cumplen.
Especialmente interesante me parece cómo está reflejado el tiempo del amor. Nosotros, los humanos, que a veces lo somos menos que los propios personajes, hablamos de la lógica. De actuar con lógica. Pero ¿acaso no existen distintos tipos de lógica? ¿No es en sí misma, una lógica diferente la del enamorado, Elena, la lógica de la hija que le reprocha a la madre que no quiera saber por qué ha tomado la decisión de abortar, la lógica del radiotelegrafista de petroleros? El tiempo del amor y su lógica. Elena conoce a Mario y siete días después le parece que llevan una eternidad amándose. Ese tiempo, ese tiempo del reverso, ese tiempo que preside el amor por el que no transcurren las horas sino que se cabalgan, ese espacio que sólo los enamorados pueden crear, un espacio del que resulta esa tercera aguja incandescente del reloj, de la que hablaba Cioran, está recogido en este libro de una manera tan sutil como bellísima.
Basta recordar esa última noche que pasa con Mario, en la que, así como Greta Garbo en La Reina Cristina de Suecia cuando se despide de su amor, Elena quiere inundarse los ojos de su amado, embarazarse de cuanto dejará de existir porque salvo el ahora, todo lo demás es ficción, Elena se entrega a la despedida y trata de fijar en piedra para que siga sucediendo para siempre. El primer amor no siempre sucede en orden cronológico. A veces, ni siquiera sucede, aunque lo parezca. Es un milagro que se produzca. Que demos con una persona que nos nombre, que nos sostenga, que nos respete y se respete. Elena ama profundamente a Mario. Por eso no le pide que se quede a su lado. Todo lo que depende de ella está decidido. Es el tiempo del amor no exento de sombras. Pero tampoco de frutos.
Amar es escribir todo el día. Por eso Arantza escribe a Elsa, Elsa escribe a Elena, Elena esa escena maternofilial. El deseo conduce. El amor teje. Texto proviene del latín textus, que significa tejer, dilatar los límites de lo posible. Coser, escribir, amar, es ir dando una puntada detrás de otra, sean vainica o recuerdos o palabras. Tejer, amar, escribir, es sacar los asuntos del caos, del no ser.
Este libro mantiene el tono de confidencia de lo narrado, de lo que se nos cuenta, de intimidad compartida, de hondura viviente, orgánica, que dirían los entendidos. En la manera de contar, de recordar, de tejer, de amar. También me recuerda en lo que dice. La dificultad de hablar, por ejemplo. En la necesidad de que nada se quede por llorar, que es una de esas imágenes (llámense letanías, fulgores, hendiduras abiertas a lo hermoso) que tiene el libro.
La estructura de cajas chinas. La estructura abismada que emplea Arantza en ESAS. Profundizar en una historia de manera especular, generando otra historia sobre sí misma. Metaficción. Es una manera de contar arriesgada (como la actitud de sus personajes) de la que sale no sólo airosa sino solemne. Veinticinco años bien lo valen si el resultado es tan bello en fondo y forma como ESAS.
Hay menciones a libros, nada inocentes, claro. Nunca es nada inocente en un buen libro. Ni siquiera cuando se cita otra. Miedo a la libertad, por ejemplo, de Fromm. Quién no tiene miedo a ser libre, aunque parezca un sinsentido. Ejercer la libertad supone tomar decisiones, y fracasar, y enfrentarse tantas veces a personas que amamos, y ser incomprendido. Pero estas mujeres, ESAS, se cumplen. Y eso es quizás lo mejor o lo más alto que podríamos decir de alguien. Miedo incluso pánico. Pero neutralizados con el tejido del afecto y la ternura. Dos vocablos inmensos. Una cosmogonía. El afecto, la ternura. ESAS.
¿Dónde queda el significado exacto de lo que digo? Los personajes de Arantza se escuchan, no se esquivan, son conscientes del tributo que habrán de pagar por su decisión. Por cumplirse. Por ser. Tributo, no peaje. El tributo es una ofrenda gustosa. El peaje es una imposición. Lo que uno da, lo que a uno le exigen. Hay mucho de una cosa y de la otra en estas historias. El significado exacto de lo que digo. Dónde. Sacar la palabra del lugar de la palabra y colocarla en el lugar de aquello que no habla. Lo que se dice, sí. Pero también la escucha. La atención al discurso ajeno nos hace descansar de propio. Y estas mujeres están atentas, dan, reciben. Esperan, como una rama, a que el pájaro se aposte en ellas. Entonces.   
Los demonios de los personajes no se van, los nuestros, los de cada uno de nosotros, tampoco. Pero se aprende a vivir con ellos, a mirarlos a la cara, a escucharlos, a reconocerlos. Eso permite que su manifestación –llámese síntoma, si procede- desaparezca. Lo cual es mucho más de cuanto uno pudiera imaginar.
Porque te quiero y quiero. Hay una aceptación de lo que nos trasciende (el amor, que es indócil y salvaje) pero asimismo una voluntad de. Hay una reflexión profunda sobre la vida misma. Sobre cada uno de nosotros en cada una de ESAS, sobre el otro, lo que nos significa, sobre el amor, sobre la madre (la que se dispara en el pecho interponiéndose un almohadón de plumas y la que le habla a su bebé), sobre las hijas.
Porque te quiero y quiero. Porque amar es escribir todo el día. Porque el principio no está en ese momento que hemos imaginado. Porque todo lo que depende de mí está ya decidido. Porque nada se quede sin llorar. Porque todo es ficción salvo este instante presente.